Libre soy al perdonar

Es curioso cuando tienes un tema en mente y no dejas de “encontrarlo” donde quiera que vayas. Pasa cuando estás tratando de embarazarte y de pronto ves bebés y embarazadas hasta abajo de las piedras. O cuando quieres cuidar tu alimentación y de pronto se te antoja todo lo que hay a tu alrededor.

Así me ha pasado recientemente con el tema del perdón. No sé porqué pero es un tema que ha circulado mi cabeza durante muchas semanas. Tal vez tenga que ver con que nos mudaremos pronto y quiero llegar “ligera” a nuestra nueva aventura, sin cargar con issues pasados que me han atormentado durante tanto tiempo.

Dicen que la depresión es vivir estancada en el pasado mientras que la ansiedad es vivir preocupada por el futuro y que la mejor forma de vivir ligera es haciéndolo en el presente, de manera consciente. Prácticas como la meditación y el mindfulness ayudan a ejecutarlo en el día a día.

Pero regresemos al perdón. Han tratado de googlear cómo perdonar? Jajajaja suerte. No dice nada. Sólo dice que es algo súper sanador, que te cambia la vida, que vale la pena. Pero no te dice cómo hacerlo.

Resulta que, cuando no perdonas, es como si tu vida estuviera amarrada a la de la otra persona, esa que no haz perdonado, y además de cargar contigo mismo, cargas con esa persona y el daño que te hizo. Te frena, te cansa, te limita. No te deja ser libre.

Perdonar es liberarte.

Con las redes sociales, alguien te hace una jalada y los “dejas en visto”, los bloqueas, y sin pensarlo, los desapareces de tu vida. “Eliminas el problema”. Súmale una pandemia y basta con echarle la culpa al virus para tener una excusa válida para no volver a ver a quien no quieres perdonar. Dejamos de tratar a los demás como personas y comenzamos a verlos como ideas con las que no congeniamos y las descartamos como basura, cuando en realidad, estamos tratando con personas que simplemente piensan distinto.

Pero en realidad no funciona así. Cuando algo duele, no deja de doler sólo porque le pones “delete”.

Si nos metemos un poco a la religión, las principales, sino es que todas, hablan sobre la importancia del perdón. De soltar y seguir adelante. De arrepentirte de los daños que haces a los demás.

Me encantó la primera vez que me explicaron Yom Kippur. No sólo se trata de pedir perdón sino de realizar un proceso de introspección, conocer el daño realizado y enmendarlo. Es un proceso que puede ser súper bonito, en el que conectas contigo mismo, eres compasivo y entiendes que eres humano, que cometes errores y que los puedes enmendar.

En el judaísmo, la palabra “perdonar” tiene tres definiciones:

  1. Terminar (Selicha): tomar la decisión de terminar con el dolor que nos causaron
  2. Túnel (Mechila): cavar un túnel hasta lo más profundo para arrancar el dolor y convertirlo en regocijo. Existe una razón por la cual vivimos esa experiencia
  3. Reemplazar (Kapara): Sustituir el dolor por algo más, puede ser más amor al arreglar un problema con tu pareja o puede ser un aprendizaje importante.

Hablamos, entonces, de lo importante que es para uno mismo perdonar a quienes nos hicieron daño y nos da una primera noción de cómo hacerlo: identificar lo que duele, decidir terminar con ese dolor y reemplazarlo con otra emoción.

Socialmente, se espera que perdones al otro. Es lo “correcto”, lo “esperado” y te hace quedar bien con la sociedad. Se espera que perdonar sea olvidar, minimizar lo sucedido y retomar la relación como si nada hubiera pasado. Sin embargo, el perdón no es para los demás sino para uno mismo. Volvemos a lo mismo:

Perdonar es liberarte del dolor, del resentimiento, del enojo e incluso de un deseo de venganza.

Ok. Entonces, ¿cómo le hacemos?

El perdón comienza y termina con uno mismo, sin importar la relación con la otra persona. Siento que puede causar muchísimo sufrimiento pensar que no puedes avanzar porque no tienes manera de expresarle a la otra persona que la perdonas, pero en realidad el trabajo es interno y no tiene nada que ver con la otra persona.

En mi investigación sobre el tema encontré un acrónimo desarrollado por Everett Worthington, un profesor de psicología especializado en el perdón. Es REACH:

  • R = Recall the hurt. Habla sobre bajar la guardia y reconocer que algo te dolió
  • E = Empathize. Reemplazar las emociones negativas con empatía y compasión
  • A = Altruistic gift. El perdón se otorga sin esperar nada a cambio.
  • C = Commit. Comprométete a mantener esa postura empática y compasiva todos los días
  • H = Hold onto forgiveness. A veces vamos a querer echarnos para atrás y regresar a esas emociones negativas que nos genera el dolor. Sin embargo, lo recomendado es sostener el perdón y no dar vuelta atrás.

Aplicando el perdón en mi vida

Mi madre y yo tenemos una relación muy complicada y ella me hizo mucho daño a lo largo de mi vida. Hizo muchas cosas buenas, claro. La mujer se levantó de situaciones imposibles con todo y sus cuatro hijos. En muchos sentidos, es una mujer admirable.

Pero también me hizo mucho daño y cuando crecí y me convertí en mamá, me di cuenta que ciertos daños eran irreparables. “Cuando seas mamá vas a entender”. Lo escuché una y otra vez porque siempre tuvimos una relación difícil, pero sigo esperando a entender y no por falta de intento.

En algún momento aprendí a poner límites y logré identificar que ella saca lo peor de mí y yo saco lo peor de ella. Así que decidí hace unos años que, por el bien de ambas y de mi familia, nuestra relación no podía continuar.

Fue un límite dificilísimo de poner, principalmente porque la sociedad espera que “aguantes” a tu madre, haga lo que haga porque “es tu madre”. Fue difícil porque me sentí culpable por no aguantar y presionada por “perdonarla” en un momento en el que no me sentía lista.

Hoy, después de tantos años de una relación tóxica en la que nos hicimos mucho daño, estoy lista para perdonar y seguir adelante.

Perdonar significa volver a tolerar? No.

Regresar a lo que era antes? No.

Hacer como si nada hubiera pasado? No.

  • Perdonar, en este momento de mi vida, es reconocer que ella hizo lo mejor que pudo, que no puede darse cuenta del daño que hizo y hace cada vez que convivimos.
  • Perdonar es entender que las personas lastimadas lastiman, casi siempre sin darse cuenta.
  • Perdonar es aprender de todo lo que hizo, tanto lo bueno como lo malo. Aprender qué quiero repetir y qué quiero reparar.
  • Perdonar es identificar que yo tengo mucho de ella y que me enojo conmigo misma cada vez que me enfrento a las similitudes, pero nuevamente reconozco que tiene muchas cosas buenas y decido reforzar esas.
  • Perdonar es recordar todos los días que soy más que esa relación dañada en la que yo también jugué un papel y que me perdono a mi misma por no poner un alto antes. Yo también hice lo mejor que pude.
  • Perdonar es poder ver con claridad lo que sucedió, poder comunicarlo con compasión y no engancharme en justificar mi postura.
  • Perdonar es poderle contar a mis hijos que mi relación con mi madre es distante por el bien de todos, porque entre adultos a veces hay desencuentros.
  • Perdonar es conciliar con la idea de que ella no es una mala persona, sino que tenemos una relación difícil con personalidades que no son compatibles.
  • Perdonar es captar que ella no va a cambiar y yo tampoco. Que en este momento de nuestras vidas somos incompatibles y tal vez siempre lo seremos.
  • Perdonar es despertarme todos los días ligera, sabiendo que hice y hago lo mejor que puedo.
  • Perdonar es perdonarnos a ambas, pues mi rol en todo esto es igual de importante.
  • Perdonar es repetirlo todos los días de manera consciente.

Hace unos meses seguía atorada. Era demasiado pronto para perdonar. Incluso no sabía que no lo había hecho.

Pero ahorita es un buen momento para dejar ir el duelo de la madre que perdí, dejar ir el dolor del daño causado, el enojo y el trauma. Hoy estoy lista para descubrir quien soy sin esa carga. Soy libre.

Jajajaja y todo eso que dicen que el perdón libera… pfff es cierto. Aquí estoy en mi papel de Elsa. Libre soy!

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