se acabó

Cada año hago un balance en los últimos días de diciembre para recordar lo que pasó, lo que quiero repetir y lo que quiero mejorar o cambiar para el siguiente año. Recuerdo haber dicho que el 2016 había sido el año más difícil de mi vida. Recuerdo haber disfrutado el 2017 casi de principio a fin y el 2018 fue excelente con la excepción de que mi bebé nuevesita casi se muere. Cerré el año diciendo “2018: gracias pero come caca”.

En el 2019 me dió la depresión más fuerte de mi vida y gran parte del año fui un moco en la pared, incapaz de lograr lo que quería, sin vida social, sin cuidar a mis hijos, sin trabajar, sin bañarme. Gran parte del año fui un ente que no podía participar en nada. Estaba en un proceso de terapia pero este proceso fue lento y cansado. Aproximadamente en septiembre comencé a verle color a la vida y cerré el año sintiéndome feliz y realizada, lista para arrancar el 2020 con mucha energía, trabajo y ganas de comerme el mundo. Cerré el año diciendo nuevamente: “2019, gracias pero come caca”. Fue un año muy difícil, esta vez casi me muero yo y sentía que no tenía control sobre nada de mi vida.

Y llegó el 2020: el año que pensé que retomaría el control de mi vida. Mis propósitos de año nuevo estaban llenos de metas y objetivos claros, con los respectivos planes para alcanzarlos. El único objetivo que logré y superé fue el de leer 20 libros al año. Leí 31.

Al hacer mi balance del 2020, hago un análisis de los últimos 5-10 años y me doy cuenta que cada año soy más dura, haciendo consciencia de lo que no me gusta de mí misma y buscando cambiarlo para que el siguiente año esa parte de mí misma se elimine por completo. Aunque sí me late la idea de estar creciendo y mejorando, no me late nada la autocrítica y la baja autoestima que acompaña a esos propósitos que frecuentemente parecen castigos.

Para el 2021, tengo la intención de cambiar este esquema. Se acabaron los propósitos de año nuevo y el atasque de uvas con las 12 campanadas, que a la mitad del proceso ya se te olvidó qué era lo que querías lograr y por qué.

El 2021 será el año que me despido de los propósitos y objetivos, y abriré la puerta a las intenciones. Mientras que los objetivos y propósitos atacan un área específica de nuestras vidas, las intenciones se pueden traducir en diferentes áreas, dándonos la oportunidad de adaptarlas según las circunstancias. El 2021 representa una nueva oportunidad para vivir conscientemente y con propósito, después de un año de incertidumbre y miedo.

En este balance para despedir el 2020, reflexiono sobre las cualidades que me gustaría inyectarle a mi vida para lograr que sea más balanceada, sin juzgar las cualidades que me pudieron faltar en el pasado. El 2020 se trató de supervivencia y me sorprendió haberme adaptado a las circunstancias. No lo hice perfecto, pero hice lo mejor que pude y no tengo ni media queja sobre mis logros. Al revés, me siento feliz conmigo misma.

La magia de arrancar un nuevo año, un nuevo comienzo, es que nos damos la oportunidad de hacer borrón y cuenta nueva. Para un 2021 más consciente, mi intención será vivir con gratitud. Quiero hacer el ejercicio de ver la vida desde la abundancia y ser agradecida. Quiero buscar cada día al menos una razón para estar agradecida y compartirlo con mi familia y con ustedes.

2021: no me sorprendas que yo te sorprenderé.

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