Unas por otras

Cómo decidí ser mamá? Inicialmente pensé que mi decisión fue tomada a los 26 años, cuando decidí embarazarme. Había tenido una reciente crisis existencial y pensé que no quería hijos, pues me daba miedo repetir patrones que estaba segura que no se deberían repetir. Pero después me fui más atrás en el tiempo y descubrí que el sueño de la maternidad había empezado muy chica, e incluso sabía que quería ser mamá joven. Según yo me iba a casar a los 22 años y tener hijos. Estaba LOCA. Pero no me alejé tanto. Me casé a los 25 y tuve a mi primera hija a los 26. Era una BEBÉ. Además, comencé a vivir con mi (ahora) esposo desde mis 23 años.

Repito: Bebé.

Por otro lado, me tardé AÑOS en saber qué hacer con mi vida profesional. Estudié administración de empresas porque era lo que querían mis papás y no tenía mucha idea de lo que yo quería, así que me dejé influir. Durante años hice todo tipo de cursos y diplomados: imagen física, fotografía, maquillaje profesional, marketing para empresas de moda, jardinería, historia, organización de eventos, arreglos florales, caligrafía, acuarela, diseño gráfico, más y más fotografía. Trabajé en responsabilidad social, relaciones públicas, comunicación interna empresarial, compras para una tienda departamental, curaduría de exposiciones de arte, diseño de páginas web, etc. Buscaba constantemente ideas nuevas, proyectos nuevos. Todo me encantaba, especialmente aprender.

Me casé y tuve hijos en chinga, porque así lo quise. A mis 30 años estaba por nacer mi tercera hija. Seguí mis metas al pie de la letra. Mi sueño más grande siempre fue ser mamá y ya estoy aquí. Soy mamá!

Aquí estoy, viviendo mi sueño de cuidar a mis tres pollos, tratando de tomar uno que otro proyecto freelance, que no pagan bien, que tienen el peor horario, y además me hacen sentir que no estoy cumpliendo al 100% en ningún área de mi vida.

Como mujeres, nuestra carrera es la que se lleva el madrazo más fuerte y tenemos que ajustarnos para balancear nuestra vida laboral con nuestro rol de madres. Y duele un chingo. Nunca creí que mi vida profesional se vería TAN afectada por ser mamá. Según yo había escogido la carrera más compatible.

Mi aplicación de notas está llena de ideas de proyectos que quiero hacer y mi mente la acompaña con otro tanto. Pero simplemente no me da la vida y me frustro todos los días: por querer hacer más, por sentirme insuficiente, por no conformarme, por no poder.

“Puedes hacer todo, pero no al mismo tiempo”

No sé que me espera en mi vida profesional. Sé que el ritmo que he llevado el último par de meses no es lo que quiero, ni quiero dejar a mis hijos al cuidado de alguien más. Quiero ser mamá y disfrutarlo: restarle a mis preocupaciones y sumarle a mis experiencias con mis pollos.

Quiero que se acuerden del día a día jugando al tren, de brincar en el trampolín, bailar en la sala o destruir la cocina por mi falta de habilidades culinarias. Quiero que tengan una mamá feliz y no una mamá que se pelea consigo misma todos los días por balancear el tiempo que no le alcanza.

Hoy esta es mi realidad y tengo que recordarme a mí misma de disfrutarla todos los días, porque al igual que a muchas, se me olvida. Mantendré mi agenda libre y mi mente disponible para jugar con mis chamacos, porque me doy cuenta que algo no está bien cuando me duele dejar de hacer lo demás por divertirme y jugar. No cualquiera tiene esa oportunidad en la vida, de literal DISFRUTAR y ya.

Soy mamá y eso es suficiente. Así lo decido yo, a pesar de ir en contra del modelo de mamá moderna o el concepto que tenía yo de ser mamá. Soy mamá y estoy cumpliendo mi sueño, porque nunca soñé con ser nada más.

Te acuerdas de lo que soñabas hace unos años, o en tu infancia? Ya estás ahí? Sigues queriendo lo mismo? Qué te falta para lograrlo? Que no pasen los años sin cuidar esos sueños, porque la vida no es llegar a la meta. La vida es disfrutar el recorrido.

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