Cómo ser mamá por primera vez?

El rollazo que NADIE te dice por miedo a que no tengas hijos y ellos sean los únicos metidos en este pedo.

Pues llevas meses en esto, desde que decidiste embarazarte, hasta que “pegó” e hiciste pipí en una varita mágica que en cuestión de segundos te avisó que, en efecto: serás mamá por primera vez.

Bienvenida a la maternidad! Eso que sientes, ese paniquito que te está dando cuando piensas: cómo va a reaccionar tu esposo, o tu mamá o (SHET!) tus suegros y tu jefe de la chamba…

Ese paniquito es tu ansiedad, que tal vez no la conocías antes, pero a partir de ahora te conviene hacerte su amiga, porque sino, como buen pariente tóxico, te hará la vida imposible. Esa ansiedad es la garrapata que tendrá la capacidad de hacerte sufrir el resto de tu maternidad, un infartito a la vez.

Pasarás el embarazo acompañada de una serie de panic attacks y muchos momentos de otro tipo de emociones, buenas y malas. Sea un embarazo sencillo o complicado, todas pasamos por esto:

  • Cada sensación de humedad (ya sé, fuchilas) te hará temer que sea un sangrado, y que ese sangrado pudiera traducirse en un aborto espontáneo
  • Los ultrasonidos te van a dar un mini paniquito, por miedo a que todo esté bien con tu bebé, que venga saludable y del peso y tamaño correcto, sin malformaciones ni cromosomas de más
  • Cuando empiecen las contracciones, te dará miedo no sentirlas. Y cuando las sientas, te dará miedo si son las buenas o no, y si se está adelantando tu parto, o si se te rompe la fuente o mil hubieras más
  • El parto. Será normal, natural, cesárea, planeado, espontáneo, a tiempo, sin complicaciones? Estará mi doctor? Escogí al pediatra correcto?

Esos miedos pueden volverse tu peor tormento. O pueden ser el incentivo para estar preparada y luego soltar: dejar que la vida tome su curso y pase lo que tenga que pasar. Hay tantas cosas que no están bajo nuestro control. Debemos acomodar lo que sí se puede y estar preparadas (dentro de lo posible) para las que no.

Y soltar; agradecerle a la ansiedad el “heads-up” y seguir con nuestra vida.

Pasan los 9 meses y tienes un bebé nuevo: felicidades mamá! Claro que ya estás listísima para arrancar esta nueva etapa de tu vida verdad?! Pues OBVIO NO! Probablemente nunca te habías dado cuenta, pero ser mamá, en esencia, es mantener a uno, o varios seres humanos vivos. Ser mamá es cuidar y satisfacer sus necesidades: comen, cagan, duermen, regulan su temperatura… y luego empiezan a conocer el mundo, a moverse, a hacerse más fuertes y más grandes. Empiezan a tener iniciativa y carácter propio, y las necesidades comienzan a complicarse.

En realidad, las necesidades del bebé terminan el día que, siendo anciano pasita, se muere. Con una guía correcta de tu parte, aprenderá a hacerlo solo. Y si la cagas, te necesitará por siempre. MIER-DA.

Si me preguntaras a mí, mi futuro ideal sería uno en el que no me necesitan pero sí quieren necesitarme. Es un futuro en el que me mantienen cerca pero a la vez somos seres independientes. Aunque ya me adelanté.

Volvamos al día que sales del hospital:

Te dan a un ser humano nuevesito, para que te lo lleves a tu casa y lo mantengas vivo; para que lo protejas y le enseñes a convertirse en un adulto responsable y con valores, con inteligencia emocional y la capacidad de rascarse con sus propias uñas.

Cómo chingados vamos a lograr eso?

Leas el libro que leas, platiques con la especialista que platiques; absolutamente nadie en el mundo te prepara para la madrugada en la que tu bebé caga hasta que las paredes y tu esposo decide cambiarle el pañal sobre una mesa de mármol helada, con el foco más luminoso apuntándole a los ojos, con el bebé encuerado y batido de pies a cabeza gritando sin medida porque el mármol está helado. NA-DIE. (True story)

“Gracias” le dices al susodicho entre dientes y cuidando no mentarle la madre, porque hizo un esfuerzo para “ayudarte” (ejercer SU paternidad) con la criatura. Comienza una noche más sin dormir, sin paciencia y sin entender porqué carajos te lanzaste a ser mamá si, por lo visto, no estabas lista. Por lo menos, no estabas lista para esto.

Pero de pronto le limpias la caca, le pones el pañal, le cambias la ropa, lo haces taquito y le das su leche. Y lloras. Y no entiendes QUÉ DEMONIOS te está pasando.

Hasta que: PUM! Magia! Tu bebé sonríe.

Se te olvida todo el sufrimiento de dos minutos antes, tuyo y del bebé (y de tu esposo, que SEGURAMENTE estaba pensando “Plis plis plis bebesito cállate para no despertar a tu mamá! Cómo carajos funciona este pañal?” Se te olvida que no has dormido, que estás cansada y que no hablas con un adulto competente en (lo que parece) siglos.

Te apuesto que tienes miedo, porque NADIE te preparó para esto, aunque tú pensabas que eras la MÁS preparada, con tu libro de “What to expect” y las mil y una bloggers que sigues en redes sociales. Ya tienes todos los gadgets y todo el know how, pero no has conectado con esas fibras emocionales que duelen cuando empiezas a maternar. A algunas nos duele más y a otras menos, pero a todas nos duele. Vemos en nuestros hijos pequeños “yomismos” que necesitan protección y nos acordamos de nuestras mamás en los momentos más vulnerables de nuestra nueva maternidad. Entendemos o cuestionamos cada decisión que tomaron nuestros padres cuando éramos pequeñas, y buscamos repetir, reparar, o resolver lo que ya vivimos.

Y claro… Además… TODAS tenemos a la tía culera que te dice “pues que esperabas mijita?”, o peor aún, la que sigue el patrón tóxico de mil generaciones y dice “no es pa’ tanto, todas pasamos por eso y sobrevivimos, no eres la primera mujer en tener hijos”.

No pinches mamen!

Tienen razón, no somos las primeras, pero la carga que tiene una mamá hoy vs. la carga que tenían una, dos, y 10 generaciones atrás son completamente distintas. Hoy se espera que la mujer moderna sea mamá entre otras características. Ser mamá y ya, para la sociedad, ya no es suficiente.

Lo que te puedo decir de esta nueva etapa en tu vida es esto: estás aprendiendo a ser mamá, tu esposo está aprendiendo a ser papá y tu bebé está aprendiendo a ser bebé. APRENDAN JUNTOS! La maternidad está llena de momentos emocionales, no solo porque estamos hablando de un producto que TÚ creaste y mantienes vivo y amas, sino también porque te estás creando a ti misma como madre, también eres un producto nuevo. Es un producto que se crea con el bebé y con todas las emociones que has vivido hasta este momento. Porque si creías que tu infancia había quedado en el olvido, déjame informarte que aquí despierta nuevamente y te vuelve la mejor versión de mamá que puedes llegar a ser, sólo si tú lo permites.

Suelta la ansiedad, suelta el miedo. Déjate llevar. Confía en tu intuición y no te claves ni con la culpa ni con las expectativas. Tu hijo tiene la mejor mamá que pudo haber escogido: TÚ.

Felicidades mamá, bienvenida a este mundo tan mágico.

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