Cuando se me cayó el teatro

Llevaba los últimos 5 años tratando de ser la mamá perfecta. Creía que para ser buena mamá, tenía que darles el ejemplo de una mujer chambeadora, que logra balancear trabajo y familia a la perfección y dar el 100% en ambas. Mi versión de una buena mamá sabía hacer dos horas de ejercicio diario, arreglarse perfecta diario, cocinar de manera balanceada, mantener la casa organizada y limpia, ir a todos los eventos escolares y extra curriculares, convivir con la familia política cada vez que era requerido, leer, meterse a cursos, dar cursos, tener vida social. En resumidas cuentas, palomeaba todo lo que necesitaban mis hijos y no fallaba en nada. Bueno, eso era lo que creía.

Y ustedes se preguntarán, “y dónde dejó al esposo?”… bueno, él también se lo preguntaba. En resumidas palabras, lo dejé a un lado. Pasó a segundo, tercer o quinto plano pero eso sí: con la esposa chambeadora, involucrada con los niños y a pocos meses del cuerpazo. Definitivamente me casé con un santo, que me seguía motivando para ser la mejor versión de mi misma, y yo seguía creyendo que mi mejor versión era malabarista de profesión.

Todos los años hago mi balance de fin de año, y el del 2018 decía: Gracias pero FUCK YOU! Fue un año BIEN DIFÍCIL para nuestra familia. Y en el 2019, mi cuerpo me cobró haberme tragado todo sin procesar. Me encantaría decirles que la culpable fue Marie Kondo, pero la realidad es que empecé a organizar mi exterior porque mi interior estaba hecho un desmadre. Seguí el método Konmari al pie de la letra y terminé de organizar mi casa, pero no se sentía terminada… así que seguí organizando… y seguí y seguí… hasta que en vacaciones de Semana Santa se me cayó el teatro.

Cómo se cayó? No podía parar de organizar y estaba en casa ajena. Mis niveles de ansiedad estaban fuera de control. Todo me daba miedo (pánico?), me daba “pájaro-piedra” TODO EL TIEMPO (sino conocen el término, se refiere a la situación en la cruda en la que , al volar un pájaro, sientes que te aventaron una piedra e intentas esquivarla, porque estas crudo…). Total que acabé yendo a una clínica para que me ayudaran.

Diagnóstico: estrés postraumático, depresión clínica, ansiedad y estrés crónico. HOLY SHET. Y me quedaban dos semanas de “vacaciones” en casa ajena, país ajeno, familia ajena. Cuando lograron frenarme la obsesión con organizar, destapamos la grave depresión que tenía debajo. Neta era una nube. NEGRA. La estaba pasando fatal. Quería que me no me despertaran hasta que me sintiera mejor, pero la depresión no funciona así. Hay que trabajarla.

Volví a México, dejé mi chamba, el cuerpazo, la organización y la prisa. Decidí tomarme todo con calma, empecé a escribir y fui a terapia. Sigo yendo y soy otra. Y a esta “otra” la quiero adoptar. Mi nueva versión de mi misma es mejor mamá, mejor esposa y mejor persona en general. Se me acabó mi versión de perfección y ahora soy increíblemente imperfecta, y así la paso bien y mis hijos y esposo también.

No quiero decirles que ya se acabó, me queda MUCHO camino por recorrer y trabajar, pero por lo menos ya no soy SUPERMOM. Y mi esposo… ese neta es un SANTO.

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